Es increíble el camino que uno puede seguir para llegar a ser docente. Y bien, mis estudios de química los inicie con una carrera técnica (técnico laboratorista químico). Enseguida de terminarla empecé a trabajar en un hospital particular, ahí principié a convencerme de que debería seguir preparándome para poder ser mejor. Así que de buenas a primeras me vi formada en una fila solicitando una inscripción a la preparatoria.
Trabajé y estudié, lo cual me permitió ser perseverante y responsable (sin dejar atrás algún día de pinta o de juego). Al cabo de tres años de bachillerato, logre mi inscripción en la facultad de química. Ahí participe activamente en congresos (algunos internacionales) donde primordialmente me gustaba dar presentaciones orales (esto me ayudo mucho a desenvolverme frente a un público y a ser capaz de responder preguntas, críticas o comentarios). Realice mi servicio social en el laboratorio de servicios externos de la propia facultad acumulando experiencia en métodos analíticos.
Al finalizar mi carrera me convertí en madre pero enseguida conseguí trabajo en un laboratorio farmacéutico (Sanfer) así que iba y venía de Toluca al DF y viceversa. Ahí era responsable de las áreas asépticas y no asépticas y realizaba monitoreos ambientales, pero también formaba parte de la brigada de primeros auxilios, así que tome cursos en la planta y en la secretaría del trabajo y después los reproducía a los operarios de la misma. Sin embargo, empecé a descubrir que me estaba perdiendo de el maravilloso desarrollo de mi hijo y un buen día me toco salir de la planta y ese mismo recibí la llamada de una amiga ofreciéndome dar clases de química analítica en una universidad técnica profesional… ¡llego la oferta en el momento justo!
Mis comienzos en la docencia fueron espectaculares ya que daba toda mi energía en preparar mis clases pero también tenía mucho tiempo para cuidar y amar a mi hijo. Así decidí estudiar una maestría para después de que mi hijo fuese mayor pudiera buscar empleo de nueva cuenta en una empresa. A la par de estudiar mi maestría conseguí clases en secundaria, pero la verdad no me gustó dar clases en ese nivel. Después me ofrecieron en media superior y acepte (dejando la secundaria).
Después de dos años de haber concluido mi maestría descubrí que ser docente es muy bondadoso para una madre de familia, ya que puedo tener tiempo para dedicarle a mi hijo y puedo desarrollar todos los conocimientos aprendidos durante mi carrera. Pero lo más maravilloso fue darme cuenta que verdaderamente me gusta compartir mis conocimientos, que aprendo de mi alumnos, que disfruto estando con ellos y que me mueve buscar estrategias para que ellos aprendan y se interesen en el estudio. Me siento satisfecha cada día con el simple hecho de saber que di todo lo mejor de mí y que tengo que ser mejor cada día. Me siento satisfecha cuando comparto mis experiencias de vida profesional con mis alumnos, para que las usen como herramientas para sus vidas futuras. Me agrada cuando los alumnos me manifiestan su aceptación y cuando me brindan una sonrisa o un saludo en un pasillo, a la entrada de la escuela e incluso fuera de ella.
El ser docente en este nivel educativo me ha permitido guiar intereses profesionales, conocer motivos de desaliento en los estudiantes, orientarlos en recobrar los valores olvidados. He aprendido a desarrollar mi creatividad para no cansarlos en la práctica cotidiana, ha convivir y compartir amistad, respeto y trabajo.
Pero también el ser docente en nivel medio superior, me ha decepcionado porque ves a jóvenes que no les interesa superarse, que no les importa aprender, que simplemente están por obtener un documento oficial. Me ha decepcionado el sistema, la des-obligación de muchos docentes y autoridades. Me ha frustrado el conformismo de muchos. Y hoy, lucho por no caer en ellos.
Soy química, practico mi profesión en la docencia. Me gusta ser docente del área de la química.
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